lunes, 8 de agosto de 2011

MAESTRIA EN EDUCACION


“HORIZONTES DE FELICIDAD EN LA FORMACIÓN DEL SUJETO ESCOLAR”



Argiro Velásquez Pérez

Estudiante Maestría en Educación.

Cohorte 4.

Línea: Gestión Educativa - Currículo

USB-Medellín.





Reflexión sobre el tema de investigación “La felicidad” con base en el texto La mente bien ordenada de Edgar Morin.



Uno de las condiciones para que una persona sea feliz, es ser capaz de afrontar su estrés, sus problemas y sus propios traumas  (Lyubomirsky, 2008), en este sentido la propuesta de Edgar Morín (2000), de una educación que permita desarrollar esa inteligencia o aptitud general del ser humano para formular, plantear y resolver problemas  es pertinente para la investigación sobre la felicidad en el ámbito escolar. Sin embargo para ello es necesario reformar un sistema de pensamiento reduccionista, simplista descontextualizado, enciclopédico, estéril, por un tipo de pensamiento más abierto, sistemático, complejo, contextualizado, productivo y con sentido. Esto
en el marco de la subjetividad, la emocionalidad, y la felicidad que es el tema convocante.
Acorde con lo anterior, se requiere pensar la felicidad como una asunto subjetivo, de índole fuertemente emocional  (que incluye mis necesidades, deseos, expectativas, mis sentimientos, emociones, mi estilo afectivo o sea patrones de comportamiento en relación con mis emociones). Por ello, basados en los  principios para un pensamiento complejo, se pueden plantear los siguientes aspectos:


-           No se puede dividir  al ser humano, en sus partes, dimensiones, o un sistema cerrado. Por el contrario, se deben integrar sus partes, percibir sus dimensiones y relacionarlo con los sistemas con que se vincula. La subjetividad  y felicidad, incluyen la integridad del ser humano, o sea sus procesos biológicos, psicológicos, sociales y trascendentales. A su vez estas no implican una exclusión o un asunto separado del mundo social, del mundo natural, de  la propia especie, o del entorno planetario e incluso el mismo entorno cósmico.


-           La subjetividad y la felicidad, tienen aspectos cuantificables, de los cuales se han estudiado a través de la psicometría,  los mismos test de inteligencia emocional y de la felicidad; pero también es muy importante, debido a su poco desarrollo, aspectos cualitativos, relacionados con el ser, sus cualidades, fortalezas, virtudes, y complejidades.

 
-           Si partimos de la máxima: “el todo es más que la suma de las partes”, no podemos decir, que porque una parte del ser humano, por ejemplo una parte su cuerpo falte, o se padezca una enfermedad, o no tenga más allá de las condiciones mínimas de subsistencia, o porque no tiene una estatus social alto, o un acceso a la educación institucionalizada, no pueda ser feliz, no pueda desarrollar una rica subjetividad. Esto porque el ser humano como un sistema complejo, al funcionar como un todo, este es más que la suma de sus partes, sus partes guardan una relación entre sí, enriqueciéndose, redimensionándose, resignificándose, y en su trabajo conjunto aparecen emergencias que las partes por sí solos no tienen.

 
-           La felicidad se centra en el ser, pero no puede desconocer, sino incluir, el tener. Este ser se expresa a través del sentir, pensar y actuar en el mundo, en este último se inscribe el tener para poder sobrevivir.  Aunque el tener (el dinero, las posesiones, los bienes) ha sido sobredimensionado, puesto como único factor de felicidad. Esta deformación viene dada por la modernidad, y la hegemonía de una visión capitalista y consumista.

 
-           Partiendo de la base que todos los seres humanos compartimos la misma identidad genética, y que ella está en mí,  podemos decir que cada uno tiene el potencial de ser feliz, ya que cuenta con el sustrato biológico correspondiente.

 
-           Cuando una persona genera un deseo, una decisión de ser feliz, y realiza un acto que le produce felicidad, el efecto de este acto retroactúa en la decisión de ser feliz haciéndola más fuerte, y así en forma de bucle, de espiral, la felicidad se convierte en una causa y un efecto.

 
-           Si partimos del enunciado de Pascal, podríamos decir que los seres humanos como parte de objetos de la naturaleza, estamos unidos por un lazo invisible e insensible. De allí se puede desprender que mi felicidad actúa en mi entorno y crea más felicidad, la que a su vez me vuelve a alimentar. Podríamos traer a cuento por ejemplo frases célebres como: felicidad compartida es doble; pena, es  media.


 -          La felicidad no se puede concebir como totalmente independiente del entorno natural y social. Nuestra autonomía es inseparable de esta dependencia. Sin embargo matizando más esta afirmación, podemos decir que nuestra autonomía respecto la felicidad está dada por el tipo de relación que establezcamos con la misma sociedad, con los demás, con mi entorno natural. Es decir pueden estar sobrecargados de exigencia, de falsas creencias, de obstáculos, en resumen relaciones neurotizadas. O pueden ser por el contrario,  pueden ser muy espontáneas, fluidas, ecológicas – respetuosas de los límites de los recursos de los demás y del entorno-.

 
-           Si partimos del supuesto que en todo fenómeno subyacen los opuestos, y son antagónicos pero a la vez complementarios, podemos decir, que la infelicidad y la felicidad no son excluyentes. Por ejemplo, un gran estado de infelicidad si se sabe conducir, podría generar un gran potencial de transformación contundente y radical para general felicidad.  Como por ejemplo ha ocurrido que grandes santos, antes fueron grandes pecadores. Y por ejemplo personajes impulsadores de la espiritualidad, la trascendencia, fueron a su vez radicalmente racionales, escépticos, incrédulos. Por ejemplo la historia de Brayan Weiss ( 2004), y Elizabeth Kübler  (1995).  El primero fue un reconocido psiquiatra en estados unidos, con altos cargos administrativos. Luego de tener una paciente que le hablaba de una Francia de otro siglo, quedó sorprendido, y comenzó su viraje hacia la dimensión trascendental y espiritual. Kübler, fue una psiquiatra también escéptica, siempre había trabajado con pacientes terminales, y había presenciado miles de muerte- es reconocida como una de expertas en el tema- lo que implica presenciar momentos sagrados de la vida, sin embargo fue una paciente que fue a su consultorio, tuvieron la mejor sesión nunca antes trabajada, ambas quedaron muy satisfechas de
todo lo que aprendió y avanzó en su proceso personal. Sin embargo, luego de esta cita, se dio cuenta que dicha paciente había muerto hacia 4 días.

 
-           Si en la modernidad ha emergido una especialización de la praxis humana, en ciencia, técnica, economía, arte, literatura, moral, nación, clase social, incluso la emergencia del mismo yo como individualidad separada, que se autodetermina, que decide hasta cómo quiere que sea su Dios (Beriain, 2000). Desde un punto de vista más complejo se puede pensar en unir de nuevo lo separado, o sea lo anterior, distinguiéndolo pero a la vez articulándolo al todo que es la misma humanidad. Por ello podemos soñar un nuevo estadio de conciencia donde se incluyan estas categorías. Soñar por ejemplo en que la producción  de conocimientos, de saberes, pueda sentirse a la vez, como ciencia, arte, religión, moral, individuo, nación y humanidad. Y la construcción de felicidad como un asunto  procesual que es la vez ciencia, arte, religión moral, que cubre tanto
individuo, nación como toda la humanidad.


 
 
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


 Argüelles, J. (1987). El factor Maya.
México: Bear & Company.

Beriain, J. (2000). La lucha de los dioses en la modernidad. Barcelona: Antropos.

Fullat, O. (1997). Antropología filosófica de la educación. Barcelona: Editorial Ariel.

Kübler Ross, E. (1995). La muerte un amanecer. Colombia: Círculo de lectores.

Lyubomirsky, S. (2008). La ciencia de la felicidad . Barcelona: Urano.

Morin, E. (2000). La mente bien ordenada. Seix Barral.

Weiss, B. (2004). Muchas vidas, muchos sabios. Barcelona: Ediciones B.

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